viernes, 17 de abril de 2009

Sueño a la mexicana


Este es uno de los primeros cuentos que escribí... y lo hice para un concurso de la SEP aquí en México. Ojalá y les guste


Esta mañana me desperté de un sueño muy extraño. En él, yo estaba mirando a la ventana de mi cuarto. ¿Qué veía?, no se, ni siquiera sé que estaba haciendo en esos momentos en mi habitación, aunque, parece lógico que una niña esté en su cuarto a altas horas de la noche. Sin embargo, no me sentía como una niña… al menos no la niña que estaba mirando a la ventana.
Entonces fue cuando me di cuenta. La niña de la ventana no era yo o yo no me encontraba en mi cuerpo.
¡Imposible! Ambas teorías eran inverosímiles.
Me acerqué a lo que creí que era yo y me observe detenidamente. Definitivamente era yo, nadie tenía ese semblante…excepto yo ¡Claro!, era como mirarme al espejo con otros ojos, unos ojos más audaces, con una visión más fina que la de cualquier humano. Volví la cabeza hacia el espejo para ver al extraño nuevo portador de mi mente… Era un águila.
Un sentimiento extraño me recorrió ¡Era libre! Y por mis venas corría la sangre de un guerrero. La sangre de nuestros antepasados más remotos. Grazné con fuerza…demasiada, de hecho. No podía despertar a nadie, si lo hacía sería mi fin, sería un ave de cautiverio por el resto de mi vida ¡Qué horror! ¡Yo estaba hecha para ser libre! ¿Por qué enjaular toda esta libertad, todo este poder? Si así se sentían todas las aves (y no dudo que así es) debía convencer a mi tío de que liberara a sus canarios.
Salí volando por la ventana que sorpresivamente estaba abierta ¡Que bien se sentía! ¡Qué sensación tan bella…tan diferente! Estaba tan ocupada sintiéndome plena y libre, que no me di cuenta de lo que ocurría debajo de mi. El relieve, definitivamente, no era el de mi jardín, el suelo era rojo…incluso parecía teñido con sangre. Me posé sobre él y me di cuenta de que ondeaba bajo mis patas, era como pararse sobre las olas del mar.
Entonces los escuché. Caminaban con paso firme y su mirada estaba fúrica, estaban deseosos de venganza y sedientos de sangre. Entonaban una canción silenciosa sin letra ni melodía, pero una canción de todos modos. Eran hombres, o eso parecía Espíritus de las antiguas batallas. Pese a qué estaban muy cerca sus gritos de guerra se escuchaban lejanos y ausentes.
Miré a los ojos al que estaba enfrente, me sonrió maliciosamente mientras les hacía una seña a los demás. Comenzó la lluvia mortal, balas y flechas, todas persiguiéndome. Grazné de nuevo, esta vez asustada. De pronto, de un lugar que no pude ubicar bien, salieron volando infinidad de palomas blancas seguidas de hombres del mismo color, ellos, no iban armados, al contrario de sus contrincantes. Varias flechas los hirieron sin embargo ninguno murió ni resultó herido. Eran espíritus de paz y de pureza.
Volé hacía donde se encontraban y el suelo bajo mis patas se tiño de blanco, con la misma consistencia que al anterior. Traté de buscarlos, de llamarlos graznando y, cuando al fin aparecieron, se encaminaron a la batalla silenciosa: una batalla anti-bélica.
Seguí volando hasta que escuché otra canción, una más melodiosa, más dulce. La seguí y el suelo se volvió a teñir esta vez de verde. Al fin me encontré con los cantores, eran ángeles bellamente ataviados con túnicas verdes atadas al suelo ondeante, ellos con sus hermosas voces, entonaban la canción que decía:
“Victoria a los valientes
Valientes de corazón
Victoria a los héroes
que Dios a esta patria mandó
Victoria y esperanza
que nuestro pueblo logró
Victoria y esperanza
para la patria y la nación”
Era una letra hermosa y la melodía endulzaba mis oídos, pero tenía que irme. Volé por entre las alas de los ángeles y salí del extraño paisaje. Volé por años de cultura y tradición, por música y trajes típicos, por aportes de otras culturas y, a cada lugar que visité, me acompañó el más exquisito de los aromas y la más dulce y pegajosa alegría en este mundo. Todo eso y más era México.
Por fin, me detuve en medio de un claro…Estaba hambrienta, me percaté que frente a mi había una serpiente que me miraba “Cómeme” decía su mirada “Ándale aguilucha, atrápame si puedes”.
Mi lado humano (A estas alturas un poco opacado) pensó algo como “mmm, con razón les dicen animales venenosos…Solamente ignórala” mientras tanto mi lado animal, que había crecido considerablemente, gritaba “¡Qué va! ¡Tengo hambre y ella se me está ofreciendo! ¡Voy a enseñarle a ese animalejo quien es el verdadero rey de los aires!”.Fin de la discusión, me lancé a la batalla que por supuesto, gané y cuando estaba a punto de engullir mí suculento premio, me percaté de algo más, ¡Estaba parada sobre un nopal! En la misma posición que el águila del Escudo Nacional “¡Que curioso!” pensé y estaba dispuesta a continuar con mi acción cuando llegaron los aztecas, los mismos que habían caminado casi 200 años buscando la morada perfecta.
Me miraron con curiosidad y de repente comenzaron a vitorear. Me habían considerado su señal. Gracias a mi habían encontrado su nuevo hogar. Sin embargó no me importó lo más mínimo, después de todo ¡Solo era un águila! En cuanto terminé mi cena desperté.
Tenía un mal sabor de boca “La serpiente” pensé con una sonrisa. A pesar de haber dormido mucho me sentía cansada, como si hubiera corrido (o volado) mucho. Me di cuenta de que había dormido al pie de mi ventana “¡Que coincidencia!” pensé sonriendo de nuevo pero mi sonrisa se borró cuando recordé que eso no existía.
Mientras me encaminaba al baño me sentí débil ¡Vaya noche! Volar sobre la Bandera, convertirme en el Escudo Nacional ¡Engullir serpientes! Eso es algo que difícil de olvidar, pero solo fue un sueño, aunque yo no lo sentía así. Entonces ¿Qué fue? Ni yo misma lo se. Eso como muchas otras cosas, seguirá siendo un misterio.
Fin

Autora: Cristina Nakad Delgado

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