
...A mi la inspiración me llega de cualquier forma, y con esta historia me ocurrió con una canción. Con Psicofonía de Gloria Trevi...Fue rarisimo como en mi mente comenzaron a entretejerse imagenes con la letra de la canción... y así nació la historia redactada...
Psicofonía
Cada final es un nuevo comienzo, incluso cuando la vida acaba, algo nuevo empieza, un nuevo viaje. Tal vez un nuevo mundo. Pero nadie puede saberlo con certeza hasta que muere y en algunos casos, la espera, puede durar mucho más tiempo.
Por fin era de noche, Mateo había esperado pacientemente a que el sol cayera para que el manto nocturno acariciara su alma y el, pudiera salir a vagar por el mundo que lo había visto morir, suponía que mucho tiempo atrás, pero no podía saberlo, había perdido la cuenta. De todos modos, de nada le servía, ya que el paso del tiempo lo ignoraba, no podía dañarlo como a los que aún seguían vivos. Ahora, era solo un recuerdo de un hombre.
Detestaba su situación, invisible, mudo y atrapado…su existencia no tenía sentido. No la había tenido mientras vivía, y no la tenía ahora que estaba muerto.
Se alejó como de costumbre del lugar que había llamado hogar durante su vida, la misma casa que ahora, actuaba como una prisión que solo abría sus puertas durante la noche y estaba condenado a volver por la mañana. La aurora era para el una cadena que lo llevaba de vuelta a su exilio.
La calle estaba por completo vacía, solo la soledad se paseaba por ella. Las ventanas de todas las casas tenían las luces apagadas y casi todas las camas ocupadas…Excepto de una, en la que se encontraba una joven, de unos diecisiete años, sentada al pie de su ventana, mirando a través de ella como esperando despertarse en cualquier momento de alguna extraña pesadilla, una larga melena de color castaño claro se deslizaba por sus hombros. Era bastante linda. Pero para Mateo, simplemente, parecía estar lo suficientemente distraída como para llevarse un susto inolvidable. Jamás pensó que las cosas ocurrirían al revés.
Se acercó a la ventana y se colocó justo enfrente de la chica, ella aún no podía verlo, así que se dejó ver con una sonrisa siniestra, esperando un grito o alguna reacción parecida, Fue lo que obtuvo lo que lo desconcertó.
Al principio ella se limitó a mirarlo como si de repente lo hubiera reconocido, y después, le devolvió la sonrisa. Y fue una sonrisa llena de calidez y de ternura. Ambos se perdieron en la mirada del otro y por un momento nada más pareció importante, parecía que después de mucho tiempo se hubieran reencontrado.
Ella abrió la ventana, y una ráfaga de viento helado le caló hasta los huesos y le sacudió el cabello, aquello no le importó. Se acercó a el con curiosidad…trató de tocarlo, pero sus dedos solo rozaron el aire.
-- ¿Angelique? –preguntó una voz masculina desde la puerta de la habitación-- ¿Qué diablos estás haciendo? --El hombre la apartó de la ventana-- Está helado allá afuera --dijo y la cerró de golpe.
-- ¿Lo viste? --preguntó Angelique, al ver que su padre actuaba de lo mas normal, ¡Había un fantasma en su ventana!
-- ¿A quien tenía que haber visto? --le preguntó el hombre, perplejo.
–Al…fantasma --le contestó ella, distraída. Mirando a la ventana, buscándolo, no había nadie.
Su padre se echó a reír
-- Ay hija, ya es muy noche y creo, que deberías irte a dormir…ya estás alucinando –dijo mientras apagó las luces y salió riendo-- Al fantasma –masculló entre risas mientras se alejaba pasillo abajo.
A Angelique, aquello, no le causo gracia. Lo había visto, de eso estaba segura. Resignada se acostó en su cama. Y se quedó ahí en silencio. Tardó bastante en dormir, no podía. La mirada del fantasma ocupaba sus pensamientos.
Mateo, tampoco podía olvidarla, jamás se había sentido así, ni siquiera cuando estaba vivo, nunca había tenido la necesidad de proteger a alguien, como la tenía de protegerla a ella. Angelique no se había dado cuenta de que el, seguía al pie de su ventana, viéndola dormir, en completo silencio.
Comenzó a amanecer y se vio obligado a regresar a su casa, y una vez ahí quiso hacerle un regalo, y deseó con todas sus fuerzas que ella pudiera escucharlo, y así, con el amanecer, Mateo empezó a cantar.
Angelique se despertó en la madrugada con una suave melodía de fondo, la canción, decía cosas hermosas, y la voz que la interpretaba era muy bella también. “¿De donde viene ese sonido?” se preguntó y como una sonámbula se vistió y fue en busca del intérprete. Mientras caminaba no pudo evitar preguntarse si lo que había vivido la noche anterior, había sido solo parte de un sueño…otro de ellos.
La música la guío hasta una casa, que según ella, llevaba varios años abandonada. Tocó la puerta un par de veces, y esta se abrió completamente sola.
Por dentro, la casa, tenía un aspecto muy triste, seguía amueblada, pero todas los muebles estaban cubiertos con mantas blancas ya cubiertas por completo de polvo, todas las paredes eran grises, y tenían en varias partes, el tapiz rasgado, había telarañas en cada esquina y casi todas las puertas estaban abiertas.
Triste.
Era la única palabra que lo describía.
Dentro de la casa el sonido parecía venir de todas partes, Angelique no sabía por donde empezar a buscar, así que se limitó a sentarse, en un sofá y a embriagarse con la música. Era un sonido hermoso, casi mágico, que parecía estar ahí a la vez muy lejos, como en otro mundo, como si existiera y a la vez, no. Como la voz del pasado, tratando de llegar al presente.
Pasados unos segundos, la curiosidad de Angelique por saber quien era el intérprete se renovó, y algo dentro de ella, le decía, que fuera quien fuera, estaba pensando en ella.
Buscó por toda la casa, pero parecía estar vacía, Angelique llegó a pensar que todo, había sido parte de una alucinación e incluso imaginó que tal vez, seguía dormida.
– ¿Quién eres? ¿Dónde estás? --le grito al viento esperando ser escuchada. Por alguien, quien fuera.
Fue entonces que Mateo notó su presencia, y una cálida sensación recorrió su alma, era ella, la persona por la que había estado cantando, estaba ahí, buscándolo.
-- Mi nombre, es Mateo --contestó-- y estoy aquí, a tu lado --susurró en el oído de ella, aún invisible. La chica se sobresaltó. La voz había sonado tan cerca de ella y sin embargo en cierto modo, no parecía estar ahí. Mil preguntas cruzaron por su mente ¿Quien era el? ¿De donde venía? ¿De su mente? ¿Qué estaba sucediendo?...
-- Déjate ver --le pidió en un susurro casi imperceptible, sentía que se estaba volviendo loca, necesitaba, saber, donde estaba, y si estaba ahí en realidad.
El rió quedamente, adivinando lo que ella pensaba, y apareció a su lado.
-- Angelique ¿Cierto? --Le preguntó con una sonrisa.
Ella no contestó de inmediato, con la emoción, las palabras se habían congelado en su garganta.
Era el, exactamente el mismo fantasma, que había aparecido en su ventana. Eran exactamente los mismos ojos color bronce que la miraban con profundidad e incluso tristeza. El mismo cabello negro y lacio que le llegaba hasta el cuello. Podía ver a través de él, igual que la noche anterior.
–Si --susurró incrédula.
Era el…una parte de ella no acababa de creerlo. Cuando por fin acabó de convencerse de ello, sonrió. Se miraron, como la primera vez. Atrapados en sus miradas, y en las extrañas sensaciones que les provocaban tenerse en frente. Como si se pertenecieran. En ese momento cualquier palabra hubiera sobrado.
El le tendió la mano con un gesto amistoso y una sonrisa en los labios. Ella, lo miró perpleja, sabía que si lo tocaba su mano lo traspasaría. Como si el no estuviera ahí. Solo encontraría aire en donde debería de estar su cuerpo.
Pareció que el, había notado su inseguridad, ya que acercó su mano a la mejilla de ella, y con cuidado. Tal vez con miedo la rozó con esta. Angelique, sonrió, lo que estaba sintiendo en ese momento, no lo había sentido jamás, era como si una suave brisa la acariciara, hubiera deseado que aquella sensación no terminara nunca. Más que tocar su piel, el parecía darle caricias para el alma, al igual que la música. Los incorpóreos dedos del fantasma, exploraban, lo más profundo de su ser. Con solo tocarle la mejilla. Cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación, desprendiéndose de todo y de todos, olvidándose de la existencia del tiempo y del espacio. Se dejó llevar por la música que Mateo entonó, rompiendo en pedazos al silencio.
Mateo percibió la entrada de la noche y calló un momento.
-- ¿Por qué te detienes? --preguntó Angelique algo desconcertada.
– Es de noche --susurró él-- Creo que deberías irte, tu padre debe estar preocupado por ti.
Ella lo miró perpleja por un segundo, aunque luego pareció recordar la existencia del tiempo y lo que eso significaba. Abrió mucho los ojos, y se levantó con rapidez, Mateo tenía razón, su padre debía estar muy preocupado, por ella.
Se fue sin despedirse. Salió disparada por la puerta extremadamente preocupada por su padre, aunque una parte de ella, quería regresar al lado del fantasma. La sorpresa le había echo salir disparada de la casa. Ya iba a la mitad del camino cuando se percató de que no le había dado un último adiós a Mateo, y se preguntó si lo volvería a ver. Deseo que fuera así y entró a su casa.
Efectivamente, su padre estaba demasiado preocupado, ¿Dónde se había metido Angelique? La pregunta rondaba una y otra vez su mente, mientras caminaba de un lado a otro como un loco. Mil ideas, cada una más terrible que la anterior aparecían en su mente poniéndole más nervioso.
Alguien llamó a la puerta, y el corrió hacia a ella, tenía que ser Angelique, si no, abandonaría toda esperanza. La abrió con desesperación y ahí estaba ella en la puerta.
-- ¡Angelique! --exclamó el hombre con alegría y envolviéndola en un abrazo-- ¿Dónde te habías metido?-- le dijo en un tono que pretendía ser de regaño, pero no podía ocultar la emoción.
La mente de Angelique comenzó a trabajar rápidamente tenía que inventar una excusa, pero no podía mentir, no era buena en eso
-- Estuve con un amigo, se llama Mateo, fui a verlo…cantar --dijo rápidamente. Aquello en realidad, no era mentira.
Su padre la miró perpleja.
– ¿Todo el día? --preguntó.
Angelique asintió con la cabeza.
-- Me invitó a cenar --Mintió antes de subir rápidamente, las escaleras hacia su cuarto.
Se tumbó en la cama como en un sueño, no podía creerlo, nunca se había sentido así, y aquellos sentimientos le pertenecían a un fantasma. Era un tanto extraño, pero la sensación que le provocaba no se comparaba con absolutamente nada.
Se quedó en silencio, tratando de no romper el hilo de sus pensamientos, pensando en una solución para estar con Mateo. Recordando con alegría cada nota de su música. Al poco rato se quedó dormida, pensando en el.
Pasaron tres años desde que ambos se conocieron, y con el tiempo, Angelique se había convertido en una chica solitaria y silenciosa. Como una sombra, y a pesar de ello la gente seguía notando su presencia.
“Loca” susurraban cuando pasaba al lado de ellos. Pero ella parecía no escuchar, lentamente se había acostumbrado a los susurros y se alejó del mundo que no comprendía a los latidos de su corazón. Incluso su padre parecía temerle y había llamado gente para que hablara con ella. Gente que basaba sus criterios en libros sin escucharla de verdad.
Pero a pesar de todo, ella, era inmensamente feliz y estaba llena del más puro y sincero amor, Mateo y ella estaban unidos solamente por sus almas. Habían traspasado todas las barreras que les impedían estar juntos, excepto una, la más delgada, y más frágil. Que sin embargo era la más difícil de romper.
La vida.
Una tarde Angelique se encontraba mirando a la ventana de su cuarto recordando aquella mágica noche de invierno, cuando vio por vez primera a Mateo, y casi pudo sentir de nuevo la sorpresa que le provocó la aparición del fantasma en su ventana, y recordó con total claridad, como el susto repentina e inexplicablemente se transformó en alegría. Recordó lo rara que se había sentido esa noche y lo que ocurrió a la mañana siguiente.
Sonrió. El día le había abierto el paso a la noche.
Mateo apareció unos minutos después a su lado, sonriendo…su alma brillaba de manera extraña, pero hermosa a la vez. Exactamente de la misma forma en la que brillaban los ojos de Angelique. Ella le devolvió la sonrisa
-- Te extrañé --le susurró él
-- Los días siempre son más largos que la noche --dijo ella también en un susurro.
El se acercó para acariciar su pálida mejilla.
-- cada vez más largos – susurró este.
Alguien tocó a la puerta.
-- ¿Angelique? ¿Estás ahí?
La aludida suspiró.
-- Ya lo sabías --dijo con una voz increíblemente fría e inexpresiva—. Pasa --le dijo.
Su padre entró por la puerta como temiendo que alguien lo atacará al entrar.
Era inútil, Mateo ya había tratado de ser visible ante el hombre demasiadas veces, pero era como si sus ojos fueran inmunes al fantasma…no lo quería ver, prefería pensar que su hija estaba loca a admitir la existencia de Mateo.
-- ¿Con quien hablabas? --preguntó el hombre.
-- Con Mateo --contestó ella inmediatamente.
Su padre saltó un poco al escuchar el nombre y su cara se contrajo en una mueca de desaprobación, desde que había asumido que la existencia de Mateo era producto de la imaginación de su hija, le temía al nombre, aún esperaba dejarlo de escuchar algún día…pensaba que su hija lo olvidaría.
-- Está bien --dijo--, solo quería saber si estabas bien-añadió.
-- Pues lo estoy --le dijo su hija de nuevo con aquel tono frío.
Su padre salió de la habitación.
--No deberías ser tan dura con el --susurró Mateo en su oído-- Trata de comprenderlo…-- Empezó el.
-- ¿Por que habría de hacerlo si el se conforma con etiquetarme? --le espetó ella enojada. De pronto una sombra invadió su rostro y las lagrimas sus ojos-- Mateo…ya no se que hacer…Eres lo único que me queda, a veces creo que debería estar…
Mateo la miró a los ojos.
-- No lo digas…por favor no… --dijo al momento que la abrazó con sus incorpóreos brazos, ella se calmó casi al instante y deseó poder apegarse más a el, que el contacto con el fantasma fuera más…real, aunque sea solo esa vez.
Pasaron varios días, después de aquel. Pero para Angelique, el tiempo pasaba, cada vez más lento. No podía esperar a que llegara la noche y poder estar con el.
Su padre seguía mandando doctores a la casa, estaba harto de que Angelique no escondiera lo que pensaba, lo que sentía e incluso lo que veía.
Tenía la esperanza de que aunque sea uno de ellos le iba a decir que todo estaba bien, que su hija no estaba loca, que podía seguir ahí, viviendo con el. Pero cada hombre o mujer que veía a su hija, al salir lo miraba como disculpándose y negaba con la cabeza. No había necesidad de palabras.
A Angelique por su parte le molestaban aquellas visitas, y a veces, también le asustaban, sabía lo que los doctores pensaban y decían de ella. Por eso, temía que un día su padre decidiera mandarla lejos….a un hospital psiquiátrico. Sabía que, si lo hacían, probablemente no volvería a ver a Mateo y, eso sería quitarle todo.
Sucedió una fría tarde de invierno, el cuarto que pasaba desde que se habían conocido. Angelique había salido de su casa y caminaba por la calle cuando la vio. Fuera de su casa, había una ambulancia. Se quedó fría un segundo, solo cruzaron dos ideas por su mente, y ninguna era agradable. Leyó lo que decía en la inscripción del coche. No reaccionó.
Venían por ella, no había duda.
Seguramente, la estarían esperando dentro. Trató de pensar ¿Qué podría hacer? ¿Correr? ¿Pero hacia donde? Le echó un vistazo a la casa que se encontraba cruzando la calle y reflejado en la ventana con una expresión seria, Estaba Mateo, Angelique casi pudo ver el evidente miedo que brillaba en los ojos del fantasma. Le dirigió una mirada suplicante. El le dijo que avanzara. Y luego desapareció.
Respiro hondo y entró a su casa, deseando que todo saliera bien.
-- ¿Angelique? --se escuchó la voz de su padre mientras ella se adentraba por el pasillo. Iba lentamente.
– Si papá, soy yo --dijo tratando de fingir que no sabía lo que probablemente iba a pasar cuando apareciera en la sala.
El hombre se reunió con ella en la entrada. Parecía arrepentido.
–Hija, no sabes cuanto lo siento, pero, no puedo seguir viéndote así…
El no necesito decir una palabra más Angelique entendió al instante. Fuera quien fuere quien estaba allí, venía por ella y la alejaría de Mateo.
– No --fue la única palabra que pudo formular, fue un susurro casi imperceptible. No --repitió un poco más fuerte, cuando vio a un trío de sombras en la pared aproximándose.
Aparecieron de repente tres hombres vestidos completamente de blanco. A pesar de estar uniformados igual, No le fue difícil a Angelique saber lo diferentes que eran por dentro.
Uno de ellos el más alto y claramente el de mayor edad miró a Angelique fríamente…Tanto como un cazador que mira a su presa, antes de echársele encima.
El que se encontraba a su lado, miraba todo con aburrimiento, como si todo aquello no fuera importante en lo absoluto.
El más joven de ellos…en cambio la miraba con curiosidad y duda…parecía preguntarse si lo que estaba a punto de hacer realmente era lo correcto. Ella clavó sus ojos azules en el muchacho. Y los llenó de suplica. El no tardó en desviar la mirada incomodo, y en cierto modo asustado…Había fuerza y luz en los ojos de la chica, aquello era un error.
--¿Es ella? --preguntó el alto, con un tono carente de emoción.
Angelique abrió mucho los ojos, tenía miedo.
–No…yo no. No estoy loca --susurró, llena de desesperación casi sin poder pronunciar las palabras–. El es real --Gritó, ahora con lagrimas en los ojos.
Uno de los muchachos, rió entre dientes, el alto le hizo callar.
–Tranquila --siseó el hombre con llana voz y, se acercó a ella--. Tendrás que acompañarnos-- Le dijo como si eso la fuese a tranquilizar.
-- ¡No! -- gritó ella.
Definitivamente no iba a salir de esa casa…no se iba a lejar de Mateo
-- ¡No! --gritó de nuevo, completamente alterada. Tenía que pensar en algo lo más pronto que posible. No podía dejar que el hombre diera un paso más.
-- Hija --le dijo su padre al ver que ella no reaccionaba y se acercó a ella.
-- ¡No! --Volvió a gritar Angelique, antes de salir corriendo.
No le importó el frío que hacía. No tuvo tiempo de saborear el silencio que reinaba la calle. Solo importaba lo que sucedería si no salía de ahí antes que las sombras blancas que la perseguían llegaran hasta donde estaba. Eran tres y ella, era una. No podría hacer nada. Miró a su alrededor con los ojos empañados por las lagrimas. ¿Qué era todo esto? Deseó con todas sus fuerzas que solo se tratara de una pesadilla.
Las cuatro figuras que salieron de su casa le recordaron que todo era real. Algo le dijo que huir sería inútil. Dejó que se acercaran, dejó que la sujetaran. Pareció no ver, ni escuchar nada, se limitó llorar desesperadamente y a decir a gritos que no estaba loca. Pero nadie la quería escuchar. Solo uno de ellos, la miraba con ojos de realidad, pero no dijo nada.
Mateo observó la escena desde la ventana. Todo, desde que Angelique había salido de la casa había pasado por sus ojos. Se dio cuenta de que ahí dentro no podría hacer nada. El sol le dijo al oído que su presencia no lo dejaría salir de ahí, que el día lo había vuelto un testigo mudo de la injusticia.
Mas que nunca forcejeó contra las cadenas que lo ataban a la triste realidad, trató de salir y trató de atravesar la ventana pero fue como si fuese un ser de carne y hueso se estrello contra ella, y se rompió. Aquello captó la atención de Angelique, su padre, y los doctores… Era el momento de demostrar que ella hablaba con la verdad, que el existía. Gritó con toda la fuerza que podía tener siendo un ser incorpóreo, la primera palabra que le vino a la mente.
--¡No! --un gritó desgarro el aire, con angustia y dolor.
Angelique y el doctor mas joven miraron exactamente a la dirección donde se encontraba Mateo. Los otros tres lo ignoraron.
– Es el --dijo la chica y una sonrisa de esperanza curvó sus labios. Lo habían oído, habían visto romperse la ventana.
“Es cierto, todo es cierto ella esta enamorada de un fantasma, y el fantasma de Angelique” pensó el muchacho, mientras abría los ojos como platos. Una sombra de angustia invadió el rostro de su padre. No era la primera vez que oía esa voz, pero era la primera vez que se percataba de ello. Los otros dos doctores fingieron con total naturalidad, que no había pasado nada y continuaron forcejeando con Angelique.
-- Ustedes lo escucharon no pueden fingirlo, el está aquí…--Se echó a llorar de nuevo ¿Cómo era eso posible? Ni si quiera la aparición de Mateo pudo impedir que acabará dentro de la ambulancia.
Su padre se quedó observando en silencio como se alejaba su hija. Unas lágrimas se derramaron por sus mejillas. Su hija. Lo único que le quedaba, el mismo la había alejado de el y ahora no podría hacer nada…pero. ¿Y si todo fuera un error?
Mateo miró al hombre por desprecio al mismo tiempo que sintió la llegada de la noche. Pero no había nada más que hacer era ya demasiado tarde para seguirla.
-- Ella, no está loca --Susurró el muchacho mientras hacia guardia esa noche junto con los otros dos psiquiatras que lo acompañaron a buscar a Angelique, tres días antes – Y ustedes lo saben, ustedes escucharon ese grito, y vieron la ventana caerse en pedazos inexplicablemente.- No obtuvo respuesta -¡No pude imaginar lo mismo que ella! --Estalló de pronto. El mayor también pareció enojarse, golpeo la mesa con el puño, y se acercó al chico.
-- Más te vale tener cuidado con lo que dices muchacho, no serías el primer doctor encerrado en el lugar donde trabaja, por dejar salir todo lo que ve y escucha --Mantuvo la cara muy cerca de la del chico con la mirada fría y dura. Silencio.
-- ¿Qué quiere decir con eso? --estalló el muchacho de pronto-- ¿Qué debemos dejar que se encierre a gente inocente, para salvar nuestro pellejo? ¿Qué debemos ocultar la verdad por miedo a salir mal parados?
La pregunta se quedó flotando en el aire sin contestación aparente. Y sin embargo, para el, todo quedó muy claro.
Avanzó por los cuartos, sabiendo muy bien a donde se dirigía entró en la habitación de Angelique y la encontró sentada, en el medio. Despierta a pesar de lo entrada de la noche. Ella ni siquiera lo miró
– Tu lo oíste… --No fue una pregunta--. Y no dijiste nada, te limitaste a ser un testigo, sabiendo que podías ayudarme --Su voz era una mezcla de frialdad, reproche y tristeza. Lo miró de nuevo con los ojos llenos de lágrimas.
-- Lo intenté…pero ellos no quieren escuchar, les importa mas su bienestar que el de otras personas --Automáticamente después de decirlo, se dio cuenta de que ella tenía razón y lo que había echo tres días atrás no tenía nombre. Lo siento --murmuró. La miró también con el arrepentimiento claramente pintado en el rostro.
Ella asintió, se había dado cuenta de que el hablaba con la verdad. El se sentó en silencio a su lado. “Ella no merece estar aquí, merece estar con quien sea quien ella quiera…sea lo que sea.” Pensó.
– Ya no tiene sentido --Le dijo Angelique. La gente y las cosas, que aún me ataban a esta vida se alejaron también --su voz tembló en mitad de las palabras--. ¿De qué sirve, si no puedo disfrutar la vida?, ¿Si lo único que me va a rodear son estas paredes blancas? ¿De que me sirve, si la única persona que me ama, esta muerto? --se detuvo para pensar en el, y por fin pudo comprenderlo. Comprendió su desesperación por salir de ese mundo al que no pertenecía más. Se echó a llorar cuando se dio cuenta de que esa, era ahora también su realidad.
El doctor se quedó en silencio el hasta llegar la mañana. Escuchó atento la historia de Angelique. Ella había vivido con su madre la mitad toda su infancia en el campo. Hasta que vino la enfermedad y cambió su vida entera. El muchacho escuchó con el corazón encogido los últimos momentos que había vivido Angelique en compañía de su madre, antes tuviera que mudarse a la ciudad.
Luego apareció Mateo. Una luz en medio de las sombras. Una esperanza de que existía un más allá. De que su madre, no había desaparecido. Escuchó y comprendió todo con claridad, no había necesidad de palabras o consejos, con eso bastaba
Pasó el tiempo y Angelique se fue yendo con el. La vida en el manicomio la iba consumiendo lentamente. Las personas que ahí vivían llevaban la tristeza marcada en la mirada, y los doctores, tenían sombras en los ojos… Las sombras de un peso que no les correspondía cargar. Todo aquello iba a acabar con ella. Cada día se veía peor, casi no dormía y casi no comía, se había convertido en un alma herida de tristeza sostenida por un cuerpo igual de débil. Solo quedaba esperar.
Mateo miró a la ventana rota y no pudo evitar acordarse de aquel día en el que le arrancaron la vida por segunda vez, cuando de repente todo pareció desaparecer frente a sus ojos.
–Tu alma es libre Mateo… --le dijo una voz salida de la nada…una voz que Mateo había escuchado varios años antes, el día que había muerto–. Encontraste lo que debías…ahora puedes descansar en paz.
“¿Sin ella?” Se preguntó el. Trató de luchar contra ello pero lo arrastró hacia el infinito, hacia el mundo de las almas. No podía irse sin ella, no podía descansar en paz sin ella a su lado.
Pronto no le quedaría fuerza ni para levantar un alfiler. Pronto habría acabado todo. Pero le faltaba algo, no podía irse sin el a su lado.
–Mateo --Masculló como el sediento en mitad del desierto--. Mateo --dijo tratando de mantenerse hasta que el llegara.
--Solo hay una cosa que debes hacer antes --dijo la voz a Mateo.
El apareció en una habitación blanca. ¿Dónde estaba? ¿Qué tenía que hacer?, sus ojos recorrieron la estancia en busca de la respuesta. No tardó mucho en encontrarla.
– ¡Angelique! --dijo y se acercó a ella. La chica lo miró y sonrió con algo de dificultad--. Estoy listo para irme -empezó-, pero no estoy dispuesto a irme sin ti, porque tu eres la razón de mi libertad. Ya que incluso en vida, yo pensaba que mi existencia, era un cruel capricho del destino, igual pasó en mi muerte…Hasta que te conocí, eres la única luz que existía entre las sombras que me cubrían. No me puedo ir sin ti…porque me diste más vida en la muerte…que en la vida misma. Ven conmigo --suplicó este tendiéndole su ectoplasmática mano.
Ella no necesitaba que se lo dijera.
-- Te amo --susurró la susodicha tomándole la mano con seguridad.
El se acurrucó a su lado, le cantó una última canción para velar el sueño eterno en el que se, Angelique se había hundido. Cerró los ojos y dejó que la muerte, los transportara a la eternidad. Dejo que la muerte los uniera para siempre.
-- Tenemos que avisar a su padre --dijo uno de los doctores a un asustado muchacho de unos veinte años--. ¿Hora de la muerte? --le preguntó tratando de no pensar en el porque
-- Cin..co cua-cuarenta y cinco AM --susurró el chico lleno de terror.
Todo estaba en penumbras, y sin embargo Angelique sabía que no estaba sola. Mateo estaba con ella. El tomó su mano, y un sentimiento extraño la recorrió, era diferente a lo que sentía cuando estaba viva pero seguía siendo extraordinario. Ella elevó una mano hasta la mejilla de el y la acarició.
– Te amo --susurró, se sentía completa.
-- Yo también --contestó Mateo con total sinceridad.
Estaban juntos... Lo habían logrado. A pesar de todo. No pudo evitarlo y la besó con alegría y fuerza. Ambos bebieron de ese beso y de todo ese amor…Ambos supieron que aquel no era el final.
Entonces se abrió la puerta, como una estrella que se difumina hasta volverse en una gran luz. Una bienvenida a una nueva vida, después de la muerte. Compartieron una mirada y se tomaron de las manos. Avanzaron juntos hacia lo desconocido, lo que pasara después, no importaba ya. Su amor los mantuvo unidos a pesar de todo y era lo más importante.
Fin
Inspirado en la canción de Gloria Treviño “Psicofonía”
Autor: Cristina Nakad Delgado
“El amor es el único puente entre lo visible y lo invisible que todo el mundo conoce”
Paulo Coelho, Brida.