
Y... después de mucho. MUCHO tiempo de no escribir nada, la inspiración tocó a mi puerta... o bueeno, la realidad es que la empujé hacia adentro... por eso este cuento salió un poco al aventón por que es de nuevo para el concurso ese de los simbolos patrios...
=) Espero llenar este año que viene de nuevas historias... y ahora si no detenerme
Elena se paró enfrente de la puerta de la casa, y dudó un poco... observó de reojo a sus amigos que la estaban agazapados en la puerta, esperando que ella regresara impulsada por lo mismo que los mantenía ahí parados casi sin poder moverse… El miedo.
Sonrió para sus adentros y entró en la casa, armada de valor.
La puerta se cerró tras ella.
Oscuridad.
Elena vio una luz al final del pasillo en el que se encontraba… rió nerviosamente. Caminar hacía la luz que poético. También se escuchaba música (¡¡¡La casa estaba abandonada!!!) …
Avanzó con pasos lentos y vacilando. Ahora si tenía miedo, y estaba usando todas sus ganas de correr para seguir adelante en vez de retroceder. Un aroma comenzó a llenarlo todo… se parecía a varias cosas, pero no era algo que hubiera olido antes.
Por fin llegó a la puerta. En esa habitación si había luz… Elena supuso que antes aquella había sido una casa majestuosa, llena de lujos. Todo seguía ahí, adornos, cuadros, muebles… incluso el viejo fonógrafo que tocaba incesante La Habanera de Carmen. ¿Quién la habría encendido? ¿Cuánto tiempo llevaría sonando?
¿Estaba sola en la casa?
Siguió recorriendo la habitación maravillada por todo lo que veía. Los cuadros eran impresionantes. Había visto fotos así ya en la escuela… en clase de historia, pero nunca les había prestado atención, incluso había visto en persona, algunos de los lugares, y también conocía gentes con las mismas características que aparecían en el lugar. Y sin embargo, incluso en vivo no le habían parecido tan hermosas como en aquel lugar…
Al final de la habitación había un arco que daba al jardín… La puerta por así decirlo. No dudo en adentrarse a él.
Todo el lugar estaba bañado por la luz del sol… no recordaba el día tan despejado cuando recién había entrado.
Estaba descuidado, abandonado, pero no por ello menos hermoso… Todo el Jardín estaba rodeado por arcos, era completamente circular…. Elena avanzó por la maleza,
Entonces lo vio.
Parecía que las plantas no habían querido crecer más allá... había una zona en el centro del jardín perfectamente cuidada como si el tiempo no lo hubiese afectado en lo más mínimo. Y justo en el medio una hermosa fuente, con el agua cristalina… y una estatua que representaba un nopal sobre el cual reposaba una orgullosa águila engullendo una serpiente….
Otra regresión a las clases de historia, ¿No era esa la señal que buscaban los aztecas para saber que habían encontrado su destino?
Frente a ella, en color piedra se encontraba tallado nuestro escudo nacional.
Cada detalle, parecía importante, definitivamente hecho por la mano de un glorioso artista… Parecía aquella la razón por la cual no habían crecido las malas hierbas en ese pequeño círculo del jardín. Parecía que aquella imagen detenía el paso del tiempo.
Detrás de ella se escucharon pasos… Como si hubiera un ejército persiguiéndola. Se puso tensa y se volteó lentamente, muriéndose de miedo. No estaba sola en aquella casa abandonada, habían más personas, muchas más…
O al menos eso se escuchaba.
Lo que vio la confortó era una mujer. Una anciana para ser más exactos.
Llevaba su cabello, como ríos de plata recogido en dos trenzas. Su piel morena estaba ya surcada de arrugas, marcas de experiencia, de tiempo. Le sonreía aún sin la mayoría de sus dientes. Su expresión era una mezcla entre melancolía y alegría absoluta, era como mirar a una niña.
Más pasos.
Elena se volvió y miró. Otra persona había entrado por el otro lado del círculo. Un niño. Tenía unos grandes ojos avellanados hermosos… vestía una camisa blanca llena de tierra más grande que él… y unos pantalones negros, rotos.
El niño en cambio tenía una expresión triste y nostálgica, como la de un viejo… que añora su patria, o una persona que ha pasado por varias adversidades. Elena le sonrió, pero solo recibió una mirada desconfiada…
El niño dio la vuelta corriendo al círculo y se escondió en las faldas de la anciana, que ensanchó su desdentada sonrisa.
-Hola.- dijo Elena casi susurrando… le temblaba la voz, pero no sentía miedo.
La anciana avanzó unos pasos también vacilando, dejando al niño detrás.
Miró al águila que se erguía orgullosa, en el centro de la fuente y lanzó una carcajada de Alegría absoluta. Su voz sonaba como una cascada, a Elena le pareció que cuando hablaba se escuchaba también el eco de miles de voces, tal vez más antiguas que ella. Con cada paso que daba se escuchaban también los de muchas más personas…
-Llegamos.- susurró la anciana y su júbilo llenó el jardín entero. El niño corrió a unírsele, aún con la mirada desconfiada.
-Este será nuestro hogar hijo… mi niño, ahora lo difícil será quedarnos- comenzó.- Lo importante es que cuidemos esta tierra… lo importante es que amemos esta señal como a nosotros mismos. Que no queramos huir a la primera adversidad.-
Elena la miró impresionada. No había detectado su presencia… o al menos parecía que no. Solo miraba profundamente extasiada al nopal y al águila. ¿Su señal había dicho? La miró también y sonrió para sus adentros. En cierto sentido era la suya también, era su Escudo, era la razón por la cual debía seguir luchando… ella y todo los mexicanos.
Miró al cielo. Estaba ya anocheciendo… Se preguntó como estarían sus amigos, si ya se habrían ido. Si la seguían esperando. Pero otras dudas también llenaban su mente… ¿Se habría visto tan hermosa la noche, mientras caminaban los aztecas hacia su futuro hogar? ¿O en el mar antes de que los españoles descubrieran nuestro país?
Hacía frio… y sin embargo nunca se había sentido tan abrigada.
Se tumbó en el pasto a mirar las estrellas… Pensó en todo lo que había visto aquel día en aquella casa supuestamente embrujada. La mujer siguió hablando, acerca del futuro… del miedo… de la unidad…
Elena deseó que su voz se escuchara como la de aquella mujer. Que detrás de sus palabras se oyera el eco de muchas otras voces que ansiaban lo mismo que ella. Qué los pasos que avanzara, o que retrocediera fueran también los de muchas otras personas… Los de su pueblo. Y deseó que aquella figura que se encontraba en el centro del jardín fuera la razón por la que se unificaran. Ser como él águila Fuerte y ágil en contra de la adversidad.
Aquella fue su señal… sus ganas de mejorar.
Un graznido triunfante llenó el lugar entero y el águila emprendió el vuelo, en toda su Gloria y Majestuosidad…
Elena decidió que era momento de hacerlo también.
Le dirigió una mirada de nuevo a la mujer… ¿Vendría con ella?
La anciana y el niño la miraron. El niño sonrió por primera vez.
-Gracias.- susurró Elena y cruzó el arco por el cual había entrado.
La música no había cesado, pero ahora no le daba miedo, si no al contrario la confortaba… Tenía tanto que contarles a sus amigos…
Fue entonces cuando supo a qué olía aquella casa. Aquel jardín y su fuente… a que olía ella misma ahora que había salido.
La casa entera tenía un Olor a Historia… a Vida.
A México.
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